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Ecos del futuro

Reflexiones sobre ciencia, economía, ecología, política y comportamiento humano

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    Pedro J. Hernández



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  • Inicio > Historias > Mono Economicus

    Mono Economicus

    El juego del ultimátum es un experimento usado en economía que consiste en un primer jugador que divide una determinada suma de dinero y un segundo jugador que decide aceptarla o no. En caso de hacerlo, cada uno se queda con su parte. En caso contrario nadie gana nada. Los resultados observados de este juego indican que la tendencia general del primer jugador es a dividir la cantidad en partes más o menos iguales siempre tirando algo en su beneficio. El segundo jugador acepta la cantidad siempre que ésta no sea menor de aproximadamente un 20% de la suma de dinero en juego.

    El comportamiento racional esperado sería sin embargo que el segundo jugador aceptara cualquier cantidad que le ofreciera el otro jugador porque en caso contrario nadie ganaría nada y parece más razonable extraer cualquier beneficio por mínimo que éste fuese. Pues bien, un reciente estudio muestra que los chimpancé actúan precisamente de esa manera, como agentes económicos perfectamente racionales, o al menos de manera más racional que los ser humanos.

    La existencia de comportamiento como éste aparentemente irracionales ha llevado a mucha gente a poner en tela de juicio el agente racional que busca su máximo beneficio en los modelos económicos conocido como Homo Economicus. La neuroeconomía es en concreto una disciplina que tiene ciertas pretensiones de incluir ese comportamiento irracional en los modelos.

    Recientemente se han publicado dos libros que parecen interesantes y que están ya en la pila de libros pendientes de lectura.

  • The Mind of the Market de Michael Shermer
  • Predictable Irrational de Dan Ariely

    Sin embargo, después de leer El Economista Camuflado y The Armchair economist creo encontrarme en cierta disposición de recomendar al lector que afine su ojo escépticos ante cualquier argumento que pretenda desacreditar o extender los modelos económicos más allá de los límites de esta ciencia --algo en lo que personalmente he caído en algún momento--

    Que el Homo Economicus sea una simplificación del comportamiento del ser humano debería ser visto como un punto fuerte y no como un defecto de los modelos económicos. De hecho todo modelo es una simplificación de la realidad que pretende entender sus aspectos fundamentales. Y siempre que encontremos una dificultad, suele ser más efectivo tratar de insistir en encontrar una explicación basándonos en el modelo que complicarlo innecesariamente y sobre todo hasta el punto de meter en el modelo aquello que queremos obtener, de manera que sus predicciones sean ciertas trivialmente.

    Un ejemplo extraído de The Armchair Economist. ¿Por qué la abundancia de precios que terminan en 99?. Todo el mundo lo atribuye al acto irracional de pensar que uno verá 4.99 más como 4 que como 5. Pero si uno insiste en buscar una conducta racional podría pensar en la siguiente hipótesis. Antes de la proliferación de códigos de barras y tarjetas de créditos, una forma que un empresario tendría de evitar que un dependiente decidiese meterse en el bolsillo un billete de 5 en lugar de pasarlo por la caja registradora sería obligándole a devolver una cantidad de cambio significativa. Esa hipótesis haría la predicción de que en el pasado esos precios serían más infrecuentes en tiendas donde los propios dueños fuesen los dependientes. Los negocios actuales seguirían aplicando esa política de precios porque la tradición también les ha hecho pensar que tienen alguna consecuencia en el comportamiento del consumidor.

    Buscar sin descanso el comportamiento económico racional detrás de la irracionalidad puede producir ideas de este tipo que signifiquen un verdadero avance a la hora de entender las cosas. Complicar los modelos de forma innecesaria generalmente tiende a oscurecer las relaciones fundamentales.

    2008-03-01 02:07 | Comportamiento humano, Metodo cientifico, Economia | 2 Comentarios


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    Comentarios

    1
    De: David ByN Fecha: 2008-03-01 11:18

    Hola Jesús.

    Como anécdota contaré que yo hice hace años ese experimento con mis amigos, en Harvard. De hecho, dividimos un dolar, y yo ofrecí 49 centavos, reservándome 51. El resultado fue sorprendente: mis contrincantes no aceptaron, tal vez por cierto sentido de justicia económica (si eso tiene, precisamente, sentido). Me gustaría saber que es lo que harían ahora, más de diez años después, cuando están bien asentados en el sistema.

    David



    2
    De: Pedro J. Fecha: 2008-04-09 18:21

    Con respecto a los precios .99 un interesante artículo
    "Why Things Cost .95"
    que viene a decir que se produce un efecto anclaje y ajuste en las cifras significativas. Es decir. Si algo cuesta 20€ tendemos a estimar su valor en cantidades próximas como 19 o 21, mientras que si el precio es 19,95 tendemos a estimar su valor como 19,85 o 20,05 con lo que el vendedor tiene más posibilidades de vender.

    Wikipedia también tiene una entrada bastante informativa.



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