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Ecos del futuro

Reflexiones sobre ciencia, economía, ecología, política y comportamiento humano

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    Pedro J. Hernández



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  • Inicio > Historias > Espacio-temporalidad de la percepción

    Espacio-temporalidad de la percepción

    En alguna entrada anterior ya había presentado esta interesante figura




    En el eje vertical se representa las perspectiva espacial humana: la familia, la comunidad, la nación y el resto del mundo. En el eje horizontal la perspectiva temporal de una semana, unas pocas semanas, la vida propia, y la vida de nuestros hijos. La cantidad de puntos puede da una idea de la relevancia de cada sección espacio-temporal.

    Es un hecho clave de nuestra psicología que organizamos nuestras vidas en un marco espacio-temporal muy próximo y que nuestra perspectiva de la distancia-futuro es bastante imprecisa.

    Y ocurre con los sentimientos. No seríamos capaces de quedarnos impasibles ante el sufrimiento de una persona a nuestro lado, pero podemos hablar casi de la forma más fría del sufrimiento de miles de personas en África o de la extinción de la humanidad en el lejano futuro.

    Me viene a la memoria la fotografía que recorrió el mundo y que no puedo ver o recordar sin que se me estremezcan las entrañas.




    Aunque quizás bien conocida, vale la pena recordar la historia que hay detrás de esa terrible imagen. En 1994, el genial fotógrafo documentalista sudanés Kevin Carter ganó el premio Pulitzer de fotoperiodismo con una fotografía tomada en la región de Ayod --una pequeña aldea en Sudan--. En la imagen puede verse la figura esquelética de una pequeña niña, totalmente desnutrida, recostándose sobre la tierra, agotada por el hambre, y a punto de morir, mientras que en un segundo plano, la figura negra expectante de un buitre se encuentra acechando y esperando el momento preciso de la muerte de la niña.

    Al recibir el premio, Carter declaró que aborrecía esa fotografía:

    “Es la foto más importante de mi carrera pero no estoy orgulloso de ella, no quiero ni verla. La odio. Todavía estoy arrepentido de no haber ayudado a la niña”.

    Cuatro meses después, abrumado por la culpa y conducido por una fuerte depresión, Kevin Carter se quitó la vida.

    Carter razonó seguramente que había centenares de personas en la misma situación y que no podría ayudarlos a todos ni contribuir a mejorar la situación de forma global. Pero si Carter hubiese tomado la decisión que sus entrañas le sugerían en ese momento, hubiese ayudado a la niña y se hubiese sentido como si hubiese salvado a toda la humanidad. Sin embargo, se sintió como si hubiese matado a toda la humanidad.

    La Ley de Weber-Fechner establece que la percepción es una función logarítmica del estímulo y nuestros sentimientos parecen funcionar de esa manera. Si la foto anterior contuviese 100 niñas en la misma situación, no podríamos sentir 100 veces lo que sentimos mirando esa foto --o seguramente entraríamos en una depresión paralizante-- sino del orden del doble y si contuviese 1000, del orden del triple. O de forma más general, aunque el estímulo aumente exponencialmente, la percepción lo hace de manera lineal.

    Sabemos que está ocurriendo todo ese sufrimiento humano unos cuantos centenares o miles de kilómetros más allá de donde hacemos nuestras vidas, y ese sentimiento se reduce aún más por otro factor que es la distancia.

    A veces, esa cercanía es más por pura identificación que por distancia. Cuánta gente no invierte dinero o esfuerzos en tratar de ayudar por ejemplo a enfermos de una de esas enfermedades huérfanas que afectan a una proporción muy pequeña de la población, pudiendo lograr salvar más vidas o sufrimiento si pusiese todo ese dinero o esfuerzo en alguna misión con más perspectivas de éxito. Y sólo porque ellos mismos o un familiar cercano la padecen.

    Pero uno de los factores más curiosos es el temporal. Cuando a veces pienso que el problema energético que hemos comentados en varia entradas podría terminar por poner en la situación de esa niña a centenares o miles de millones de personas en unas pocas generaciones, no me produce ni las más mínima conmoción interna. Y no se la produce a básicamente a casi nadie del mismo modo que casi nadie se para a pensar en lo que está pasando unos pocos miles de kilómetros más allá.

    Por eso, cuando hable a alguien de estos temas quizás les enseñe la fotografía de Carter. Quizás lo que haya que hacer para llegar a la gente cuando hablamos de la globalización y del futuro es centrarnos en las influencias locales y cercanas.

    2007-12-02 23:51 | Sociedad, Comportamiento humano, Psicologia | 2 Comentarios


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    Comentarios

    1
    De: Pedro J. Fecha: 2007-12-06 16:10

    Interesante artículo donde básicamente se formaliza matemáticamente lo que comentaba.
    Su definición de sostenibilidad implica que en el análisis de costos-beneficios el presente y el futuro deberían tener el mismo peso, o dicho de otra manera, deberíamos tomar decisiones pensando que la vida de un ser humano del año 2200 debería contar lo mismo que la vida de un ser humano del presente. Y el factor multiplicativo para traer convenientemente el futuro al lugar que le corresponde es ¡la ley de Weber-Fechner!.



    2
    De: TAY Fecha: 2008-12-07 01:15

    Gran post, respecto al último razonamiento... sí, quizás.

    En mi opinión se debe hacer uso de la globalización para atacar su lado más negativo, el uso de los medios informativos, lejos de acostumbrar a la gente a esta realidad, deberían "despertarlos".

    Un saludo



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