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Ecos del futuro

Reflexiones sobre ciencia, economía, ecología, política y comportamiento humano

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    Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.


    2006-2017

    Pedro J. Hernández



    Blogalia

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  • El nuevo auto de Aquiles: El concepto de velocidad instantánea

    Hace muchísimos años me dio por poner las palabras del gran Richard Feynman en boca de los personajes de los diálogos de Douglas Hofstadter en Gödel, Escher, Bach. Y este fue el resultado:
    Aquiles y Doña Tortuga se dirigen al supermercado en el auto deportivo que se acaba de comprar Aquiles. Doña Tortuga quería probar el nuevo auto y Aquiles ha accedido gentilmente a dejarla conducir. Poco después de salir de casa los para un policía.

    Policía: ¡Señora, usted iba a 100 kilómetros por hora!

    Doña Tortuga: Eso es imposible, señor, he estado viajando sólo siete minutos. Es ridículo, ¿cómo puedo ir a 100 kilómetros por hora cuando no he viajado una hora?

    Policía: ¡Cuénteselo usted al juez!

    Aquiles: Pero... Doña Tortuga tiene razón. le juro señor policía que sólo hace siete minutos que salimos de casa. Mire, precisamente todavía tengo en la mano la factura del parking.

    Policía (poniendo una expresión dudosa): Lo que quiero decir, señora, es esto: si usted siguiera yendo de la misma manera como iba ahora, en la hora siguiente habría recorrido 100 kilómetros.

    Doña Tortuga: Bien, mi pie no estaba en el acelerador, y el auto estaba deteniéndose: así que si yo continuara yendo de esa manera no recorrería 100 kilómetros.

    Aquiles: Y, en cualquier caso, si siguiera moviéndome de la manera como usted, señor agente,dice que lo estamos haciendo durante una hora más, ¡nos iríamos contra esa pared al final de la calle!

    Policía (con ligeros síntomas de impaciencia): Mire, señora, su velocímetro marcaba 100 cuando pasó usted por el control.

    Doña Tortuga: Precisamente le iba a comentar al señor Aquiles que el velocímetro no está funcionando con propiedad.

    Aquiles: ¡No me diga usted eso! ¡Acabo de comprar este coche y ya tiene un fallo! Voy a demandar a esa empresa. Señor policía, puede usted tomar nota..."25 de julio de...".

    Policía: ¡Eh!, no empiece con esa...que de la multa no se va a librar.

    Doña Tortuga: Sí, señor Policía, pero tampoco cambie usted de tema. ¿Qué quiere usted decir con lo de los 100 kilómetros a la hora?

    Policía (que ya empezaba a pensar en que todo esto era una tomadura de pelo): Sí, por supuesto, antes de andar una hora usted chocaría esa muralla, pero si anduviera un segundo, recorrería 28 metros; señora, usted iba a 28 metros por segundo y si siguiera andando, el próximo segundo estaría a 28 metros y la muralla está más lejos.

    Doña Tortuga: ¡Sí, pero no hay ninguna ley que prohiba ir a 28 metros por segundo! Hay sólo una ley que prohibe ir a 100 kilómetros por hora.

    Policía: Pero... es la misma cosa.

    Doña Tortuga: ¿Cómo que es la misma cosa? Si fuera la misma cosa no habríamos entrado en toda esta discusión acerca de los 28 metros por segundo.

    Policía: Mire, está acabando usted con mi paciencia. Ahora mismo me acompañan los dos al juzgado.

    Horas más tarde, Doña Tortuga y Aquiles comparecen ante el Juez de Guardia.

    Juez de Guardia: ¿Qué demonios es toda esa cháchara con lo de los 100 kilómetros por hora, los 28 metros por segundo y demás? No estoy dispuesto a aguantar toda esta pedantería.

    Doña Tortuga: Perdóneme usted, señoría, pero el señor policía estaba afirmando que nuestra velocidad era de 28 metros por segundo, y no hay ninguna ley que prohiba ir a esa velocidad.

    Juez de Guardia: Pero la ley es clara. En la vía donde usted se encontraba no se puede circular a 100 kilómetros por hora, y eso es lo mismo que los 28 metros por segundo.

    Doña Tortuga: ¿Cómo?

    Juez de Guardia: Mire, si usted prosiguiera 1/3600 de una hora andando a 100 kilómetros por hora habrá usted recorrido 1/3600 de 100 kilómetros. ¿De acuerdo?

    Doña Tortuga: ¡Umm!, déjeme pensarlo un instante... umm... ¡sí, claro!

    Juez de Guardia: Y eso son aproximadamente 28 metros.

    Aquiles (sacando su contador automático de granos de arena): Es cierto, Doña Tortuga... ¡mire usted el resultado!

    Doña Tortuga: Ahhh... y eso significa que he recorrido 28 metros en 1/3600 de una hora que es precisamente un segundo. ¡28 metros por segundo!

    Juez de Guardia: ¿Por fin ha caído usted en la cuenta?

    Doña Tortuga: Pero...

    Juez de Guardia: Sí, ya sé que me va a decir usted que incluso durante ese segundo el coche estaba parando y por tanto que no podría ir a 28 metros por segundo, aún durante ese pequeño intervalo de tiempo.

    Doña Tortuga: Reconozco que es usted muy agudo, señoría

    Juez de Guardia: Efectivamente, nuestros agentes están dotados de los últimos medios técnicos. Y con ellos pueden tomar intervalos de tiempo realmente cortos, digamos una millonésima de segundo, y medir la distancia que ha recorrido un auto en ese pequeño instante.

    Aquiles: ¿Cómo es eso?

    Doña Tortuga: Si me permite, señoría, lo explicaré yo misma. En una millonésima de segundo, el sofisticado radar del agente le habrá indicado que el coche había recorrido 28 millonésimas de metro, es decir, 28 milésimas de milímetro. Así, que si multiplicamos por un millón ambas cantidades obtenemos los 28 metros por segundo. Y si multiplicamos ésta a su vez por 3600 obtenemos una suma de 100,000 metros recorridos en una hora, lo que nos lleva a los 100 kilómetros por hora de los que hablaba el señor agente.

    Juez de Guardia: Efectivamente, eso es lo que indica el informe del radar. Así que ahora paguen su multa y váyanse a casa.

    Aquiles: ¡Pues vaya faena! Todo esto para terminar pagando la multa.

    Doña Tortuga (mientras salen de la sala del juzgado): Estimado amigo, mírelo de este modo. Hemos aprendido cómo se mide la velocidad instantánea.

    Aquiles: ¿La velocidad qué?

    Doña Tortuga: La velocidad instantánea. Fíjese, que no hace falta ir durante mucho tiempo a 100 kilómetro por hora para afirmar que en algún instante podemos llevar esa velocidad. El truco está en escoger una cantidad de tiempo lo más pequeña posible, de tal manera que el auto no se haya movido mucho durante esa pequeña fracción de tiempo. Esa es una idea hermosa y vale el precio que hemos pagado por la multa.

    Aquiles: Sí, pero ahora conduciré yo... que ya me preocuparé de no alcanzar los 100 kilómetros por hora en ningún instante, por muy pequeño que usted decida elegirlo.

    2017-11-09 19:38 | Fisica | 0 Comentarios


    Ese insignificante e incomprendido CO2


    En 1848, las exposiciones de ciencia recreativa hacían las delicias de un público victoriano fascinado por los avances científicos de la época. The Royal Polytechnic Institution —como se conocía en la época a la Universidad de Westminster— era famosa por sus “abominables olores” y “extrañas explosiones”. En la navidad de ese mismo año se unió a la institución el científico e inventor John Henry Pepper, que convertiría en memorables los espectáculos navideños celebrados a partir de entonces. Pepper era el análogo victoriano de nuestro Javier Panadero.

    En la navidad de 1862 se representaría la quinta y última novela corta de Charles Dickens con motivo navideño, El Hechizado, utilizando una novedosa técnica de espejos inventada por Henry Dirck. Pepper escenificó así la fantasmagoría más realista de la época. Posteriormente a la primera representación, el gran Michael Faraday, que estaba allí como invitado, explicó la ciencia detrás de la ilusión de los espectros.

    La novela de Dickens fue escrita en 1848 y el protagonista era un hombre versado en la química de la época. El personaje estuvo muy probablemente inspirado por una charla impartida por Faraday ese mismo año en otra institución que había inventado la divulgación de la ciencia en Navidad: la Royal Institution. Sus famosas Conferencias de Navidad para Jóvenes se venían impartiendo desde 1825, fundadas por el propio Michael Faraday...

    Seguir leyendo en Naukas

    2017-09-17 17:25 | Ecologia, Cambio climatico | 2 Comentarios


    Cambio climático, olas de calor y consumo eléctrico

    Con menos de 1ºC de aumento de la media global de temperatura, los días extremos de calor son 10 veces más frecuentes. No podemos atribuir con certeza la ola de calor actual al Cambio Climático, pero sí estamos seguros del aumento de la frecuencia de este tipo de eventos como consecuencia de las emisiones industriales de CO2.


    La ola de calor ha provocado que este viernes se haya batido un nuevo récord de demanda eléctrica en el mes de junio. Se ha alcanzado un pico de 38.835 MW utilizados a las 13.24 horas, acercándose el record de los días más fríos de enero.


    Debido a la sequía (consecuencia también de los efectos del cambio climático en la Península Ibérica), la hidroeléctrica apenas está disponible, la instalaciones de solar y eólica son demasiado escasas y ni siquiera la capacidad nuclear puede lidiar con el aumento de demanda. La consecuencia es que han entrado las térmicas de gas y carbón, disparándose las emisiones de CO2, con lo que entramos en un círculo vicioso del cambio climático: más calor, más aire acondicionado, mayores emisiones de CO2.


    En EEUU se espera durante este fin de semana y la semana que viene una ola de calor récord en todo el suroeste del país. Y EEUU es uno de los mayores emisores de CO2 del planeta, por lo que ese círculo vicioso será más relevante aún.

    La buena noticia es que estamos en el tercer año consecutivo sin aumento de las emisiones industriales mundiales de CO2 y el consumo de carbón ha entrado en números que indican su descenso futuro. El incremento de las energías libres de emisiones (nuclear, hidro, solar y eólica) ha cubierto la mitad del aumento de la demanda eléctrica.

    La mala noticia es que los combustibles fósiles siguen cubriendo el 85% de la demanda eléctrica mundial, por lo que la imperiosa necesidad de llevar las emisiones de CO2 a cero alrededor de 2050 no parece ir a un ritmo adecuado.

    Un datos esperanzador es que haya países en vías de desarrollo que no tienen la psicosis crónica de occidente con la energía nuclear. La India por ejemplo tiene prevista la conexión a la red de 10 reactores presurizados de agua pesada para 2022 que producirán (¡atención al dato!) el doble de energía que toda la capacidad renovable que ha instalado Alemania en lo que va de siglo. Y no es su única apuesta por el incremento de la capacidad nuclear. En occidente debería empezar a pitarnos los oídos cuando la mismísima Reina de Petróleo, Arabia Saudí, tiene prevista la construcción de 16 reactores para, junto a la solar, cubrir la mitad de la demanda en 2040, además de una flota de pequeños reactores para la desalinización de agua.

    En España podríamos haber lidiado con el aumento de demanda de estos días con unos pocos reactores nucleares más en la flota, pero los ecologistas patrios parece que entre más carbón y más emisiones de CO2 o menos nuclear han decidido priorizar lo segundo a toda costa. Y repito que parece difícil al ritmo actual de (no) descenso de emisiones y aumento de capacidad renovable conseguir el objetivo de cero emisiones en torno a 2050. Gracias a AEMET, ni siquiera tenemos que imaginar los veranos de ese futuro no tan lejano.

    2017-06-17 21:30 | Nuclear, Energia, Cambio climatico | 0 Comentarios


    El origen del gradiente térmico de la troposfera


    ¿Por qué la temperatura de la troposfera disminuye con la altitud unos 6,5 ºC/km? Pregunta sencilla con respuesta no tan sencilla que nos llevará a algunos planetas del Sistema Solar e incluso a algún planeta imaginario.

    Empecemos imaginando un planeta como la Tierra con una atmósfera de nitrógeno puro. La idea no parece en principio tan descabellada, puesto que la atmósfera de nuestro planeta contiene un 78% de N2 y en nuestro Sistema Solar tenemos un satélite (Titán) cuya atmósfera contiene un 98,4% de este gas. El nitrógeno, como sabemos, es transparente a la radiación solar y al infrarrojo emitido por la superficie terrestre, por lo que no produce ningún tipo de efecto invernadero.

    Como dicha atmósfera de nitrógeno puro no emitiría ni absorbería radiación térmica (ver, sin embargo, anotación [1]), sería la superficie la encarga de radiar energía a la temperatura de equilibrio con la radiación solar, es decir, 255 K. Parecería así que la atmósfera debería tender al equilibrio isotermo, es decir, a una temperatura constante de 255 K.

    La única manera que tiene la atmósfera de mover energía verticalmente en esas condiciones es mediante conducción y convección. La conducción térmica en el aire (y en el nitrógeno) es extremadamente ineficiente y una atmósfera isoterma es perfectamente estable ante movimientos convectivos.[2]

    ¿Qué ocurre si introducimos gases de efecto invernadero aunque sea en muy poca cantidad?...

    Seguir leyendo en La Ciencia de Svante Arrhenius

    2017-04-18 20:39 | Cambio climatico, Fisica | 0 Comentarios


    Por qué deberíamos confiar en los científicos

    Mi entrada reciente En defensa del argumento de autoridad y el consenso científico pude ser obviada ante la mejor explicación que he visto de por qué deberíamos confiar en los científicos por Naomi Oreskes.



    Addendum
    No es una cuestión fácil de asumir -- sobre todo cuando toca de lleno a tus opiniones favoritas -- y el ejemplo más claro es la propia Naomi Oreskes, cuyas opiniones sobre la energía nuclear y los transgénicos se apartan del consenso científico-técnico ignorando sus propios argumentos. Así somos los humanos.

    2017-03-26 15:45 | Metodo cientifico, Sociedad, Escepticismo | 3 Comentarios


    Estratagemas antinucleares

    Ser antinuclear es una opción política. Ni la ciencia ni la técnica pueden decidir por nosotros nuestras preferencias políticas. Sólo pueden apuntarnos sus consecuencias.

    Hay gente que no puede con el miedo a volar, por mucho que les digas que el avión es uno de los medios de transporte más seguros. Pero si esa persona decide que jamás cogerá un avión, no tiene por qué justificar sus preferencias personales inventando pruebas de lo inseguro que es un Airbus. Eso es justo lo que hacen todo el tiempo muchos antinucleares.

    En esta entrada voy a poner varios ejemplos de la utilización de falsos hechos y argumentos para justificar una posición antinuclear. También pondré ejemplos de posicionamiento antinuclear honesto y bien argumentado. Finalizaré con algunas derivas de los pro-nucleares hacia los límites de la ciencia.

    Mi primer ejemplo es relativamente reciente. Con la polémica de la prolongación de la vida útil de la central de Garoña, IU publicó la siguiente imagen


    Como una imagen vale más de mil palabras, sobre todo en el dominio de las redes sociales de la actualidad, edité rápidamente una versión propia que reflejara lo absurdo de la propaganda de IU


    Mi imagen, con sus deficiencias de una edición rápida y mis pocas dotes artísticas, es incluso mucho más "razonable" porque al menos utilizaba una máquina voladora. IU ni siquiera utilizó algo equiparable a una central nuclear, puesto que la fotografía que utiliza y que data de 2011 no es la planta de Fukushima, sino el área de almacenamiento de gas natural de la refinería Cosmo en la ciudad de Ichihara, de la prefectura de Chiba, unos 300 Km al sur de Fukushima, que también resultó dañada consecuencia del Tsunami.

    Varias cuentas de twitter (incluida la de un servidor) recordaron a Alberto Garzón y a IU que la imagen era falsa, pero, hasta donde sé, han mantenido un silencio sepulcral sobre el asunto. Aunque no creo que sirva como descarga de responsabilidad, esa imagen fue utilizada por error (o como mera propaganda) por numerosos medios antes que lo hiciese IU.

    El segundo ejemplo es otra imagen que me llegó recientemente en twitter a través de una cuenta de divulgación científica y que también se repite a menudo en muchos medios como propaganda antinuclear.


    Según la propaganda, esa imagen representa la radiación de Fukushima extendiéndose por el Pacífico. La realidad es menos acongojante pero igual de sorprendente. Se trata de la predicción de NOAA de la altura de las olas durante el tsunami que asoló la costa japonesa en 2011.La cuenta de divulgación rectificó, sabiamente, eliminando el tuit. No esperen que la fuente original lo haga.

    Exagerar los peligros de la radiación es otra típica estrategia de los antinucleares. El último ejemplo trivial consistió en anunciar a bombo y platillo los altos niveles de radiación que TEPCO (la empresa propietaria de la central de Fukushima) había medido en el interior del reactor nº2 de la Central.


    Podemos leer en el diario El Mundo por ejemplo:
    Tepco ha anunciado que se han alcanzado los 530 sieverts por hora, lo que provocaría la muerte de una persona tras una corta exposición, según ha informado la agencia japonesa Kiodo."

    Imaginen un diario que tiene la intención de ser tomado en serio que publicase una noticia del tipo:



    Bromas aparte, los titulares anteriores son un bonito ejemplo de "fake news" que tanto se estila en la actualidad. Su proliferación en la red influyen obviamente en la percepción de riesgo que la gente atribuye a la energía nuclear. Pero hay argumentaciones aparentemente más sofisticadas también basadas en falsa ciencia. Veamos el último ejemplo publicitado por Greenpeace.

    Greenpeace Japón acaba de publicar un reportaje de medidas de radiación donde se escandalizan de lo siguiente:
    La exposición externa a la radiación procedente del cesio-137, el rango de dosis a lo largo de la vida se ha calculado entre 39 mSv y 183 mSv, dependiendo de pasar entre 8 y 12 horas al día en el exterior, para los ciudadanos que viven en las casas durante un período de 70 años comenzando en Marzo de 2017. Entre los miles de puntos que Greenpeace Japón midió para cada casa, casi todas las lecturas de radiación mostraron que los niveles eran mucho más altos que el objetivo de descontaminación a largo plazo del gobierno de 0.23μSv / h, lo que daría una dosis de 1 mSv / año.

    Parece muy alarmante hasta que uno hace algunas comparaciones.

    1. La dosis recibida en promedio por un ciudadano debido a fuentes naturales y artificiales tiene valores típicos de 2-3 mSv anuales.
    2. El personal de vuelo en aviones comerciales añade una media de 2 mSv/año
    3. Los trabajadores de centrales nucleares tienen un límite de 20 mSv/año.
    4. Lo habitantes de Espírito Santo, Brasil, que visitan regularmente las playas de Guarapari pueden recibir dosis en torno a 43 mSv/año.

    Respecto a esta última comparación, deja en ridículo a Greenpeace no reclamar las mismas medidas que para la zona de exclusión de Fukushima: 6 años de evacuación y compensaciones económicas de por vida para los afectados, máxime cuando toda la ciencia de la que disponemos apunta a que dosis por debajo de unos 50 mSv no existen efectos observables sobre la salud (ver sin embargo más abajo).

    Tengo la impresión de que hay un sesgo obvio ahí entre la radiación producida en una central muclear y los "otros tipos de radiaciones" procedentes de otras fuentes. O a lo mejor me equivoco y es simplemente una cuestión de imagen, pues reivindicar la evacuación de una zona de playa no sería tan popular como de un área cercana a un accidente nuclear.

    Lo cierto es que la estrategia de los antinucleares con la exageración del miedo a la radiación no es nueva. Aparentemente, las pautas fueron establecidas de manera explícita en un documento producto de la conferencia Conference for a Nuclear Free 1990s – No More Chernobyls celebrada en Washington en 1991. Una de las consignas es realmente escalofriante: "Desarrollar una estrategia para tomar ventaja del próximo accidente nuclear con objeto de terminar con la energía nuclear"


    Respecto a la protección radiológica, la estrategia tampoco dejaba lugar a dudas.


    Ya ven, que a esta gente jamás va a permitir que la evidencia científico-técnica interfiera con sus opiniones. Eso no ocurre siempre, aunque tengo que decir que los colectivos antinucleares que tratan de argumentar de manera honesta son tan difíciles de encontrar como los tréboles de cuatro hojas.

    Una de estas organizaciones --Union of Concerned Scientists (UCS)-- no se ha declarado nunca explícitamente antinuclear, aunque sí que sus escritos hacen pensar que el único reactor nuclear que consideran totalmente seguro en un reactor sin construir. Sus textos, sin embargo, muestran conocimientos técnicos y sus argumentos sobre proliferación, residuos y seguridad son por supuesto discutibles pero no desdeñables.

    Una publicación fundada en 1945 por científicos que participaron en el proyecto Manhattan, The Bulletin of Atomic Scientists, tampoco se han declarado explícitamente antinuclear. Pero aunque la publicación trata de mantener una cierta apariencia de equidistancia, lo cierto es que algunos de sus textos (por ej.) mantienen una posición beligerante con la industria nuclear. Como sucede con UCS, sin embargo, las diferentes opiniones y análisis en sus páginas contienen frecuentemente una calidad argumental nada desdeñable y pueden servir como referencia perfectamente adecuada para una discusión informada. Por ejemplo, el último número de la revista según escribo este texto es una recopilación de artículos sobre la relevancia de la energía nuclear en la mitigación del cambio climático.

    Por último me gustaría poner algún ejemplo de pro-nucleares que fuerzan sus argumentos al límite de la evidencia científico-técnica. El movimiento antinuclear ha utilizado argumentos tan peregrinos, sesgados y anti-ciencia --tal y como hemos visto en los primeros ejemplos-- que los pro-nucleares sólo tienen habitualmente que limitarse a mostrar lo que dicen las publicaciones académicas para ser acusados por los primeros de hacer propaganda extremista. Así de radical y virulento se ha vuelto el debate, no muy diferente de lo que sucede con la seguridad de los transgénicos o los movimientos anti-antenas. Pero algunos pro-nucleares y la industria han entrado en dos derivas muy poco justificables.

    La primera deriva es la auto-imposición de la industria de estándares de seguridad por encima de sus posibilidades [ver Addendum al final], por ejemplo anunciando que los accidentes nucleares eran básicamente imposibles. Esos estándares de seguridad poco realistas han retroalimentado una escalada de objetivos de seguridad industria-público-administraciones que nos han llevado a situaciones tan absurdas como las pretensiones de descontaminación del gobierno japonés para la zona de exclusión de Fukushima, que ponía los límites de radiación en valores ridículamente bajos. El último informe de Greenpeace precisamente basa sus reinvindicaciones en que se cumplan esos límites absurdos antes de dejar regresar a la población a sus casas. Pero dichos límites ignoran toda la ciencia sobre la seguridad de las bajas dosis que podemos medir ahora mismo en la mayor parte de las zonas habitadas en los alrededores de la central. Contener esa deriva implica una estrategia de promoción de la seguridad de la energía nuclear como riesgo comparado con otras fuentes de generación, sobre todo ante el problema del cambio climático. Este último parece estar cambiando esa estrategia de comunicación de la industria.

    La segunda deriva es la exageración de muchos pro-nucleares de la seguridad de las dosis bajas de radiación (un ej.), apuntándose al carro de una hipótesis sin consenso en la comunidad científica que es la hormesis. La hormesis es la idea de que las bajas dosis de radiación estimulan los mecanismos de reparación celular, provocando un pequeño efecto protector contra los efectos de las mutaciones y el cáncer. Lo cierto es que es una hipótesis muy controvertida y no establecida ni mucho menos en la comunidad. En cierta manera es equivalente al debate sobre los efectos del alcohol en bajas dosis, que en algún momento se consideraron que proporcionaban ciertos beneficios a la salud.

    Personalmente he caído a veces en una forma más débil de esa deriva dando más peso a la bibliografía académica crítica con el modelo LNT (modelos lineal sin umbral). El LNT es el modelo consensuado por la Comisión Internacional de Protección Radiológica y básicamente en una aplicación del principio de precaución bajo el criterio de que cualquier dosis de radiación es culpable de incrementar el riesgo de enfermedades, hasta que la ciencia demuestre rotundamente lo contrario. Sin embargo, la misma comisión ha prevenido de no tomar demasiado en serio los resultados de aplicar este modelo a dosis colectivas de radiación, puesto que los números absolutos obtenidos tienden a crear percepciones de riesgo que nada tienen que ver con el nivel de riesgo individual, que puede ser muy pequeño para dosis menores que unas pocas decenas de mSv.

    Para acabar me gustaría hacer una observación sobre mi posición respecto a la energía nuclear. El lector habrá creído que estoy escribiendo desde una posición pro-nuclear. Me gusta decir que no soy pro-nuclear sino pro-aritmética, citando al recientemente fallecido y admirado David MacKay. Y lo cierto es que en el fondo me es indiferente cómo la compañía eléctrica se las apañe para llevar la electricidad hasta mi casa. Todos deberíamos buscar electricidad abundante, lo más barata y lo menos contaminante y peligrosa posible. Pero ninguna fuente cumple esos tres requisitos por sí sola, en lo que denominamos el trilema de la energía.

    Los antinucleares deberían ser conscientes de que, aunque tienen perfecto derecho a vivir en un mundo sin energía nuclear, durante muchas décadas la única alternativa a esta fuente gestionable y libre de emisiones de CO2 serán los fósiles. Al menos de momento, el 100% renovable es un mito que nos ha vendido la propaganda de una industria que, a diferencia de la industria nuclear, cuenta con una magnífica imagen entre el público que comparte en las redes sociales la publicidad como si fuese información. Utilizar menos nuclear implica necesariamente utilizar más fósiles, con las consecuencias para el clima y para la salud de las personas. Lo que jamás podemos pretender es tomar una decisión e intentar librarnos de las consecuencias, inventándonos un mundo donde la realidad funciona de otra manera. Eso sí que es extremadamente peligroso.

    Addendum 28/02/2017

    Algunos comentarios en twitter apuntan a que no quedaba suficientemente claro a qué me refería cuando hablaba de la auto-imposición de la industria nuclear de estándares de seguridad por encima de sus posibilidades. La expresión puede resultar ciertamente confusa pero la intención (fallida) era reflejar algunas críticas no despreciables a la reacción de la industria ante la presión para aumentar las medidas de seguridad. Por ejemplo, la reflexión de la facultad de Ciencia e Ingeniería Nuclear del MIT tras el accidente de Fukushima insiste en esa idea

    En el New York Times explicaban hace poco como los costes añadidos por las nuevas medidas de seguridad tras los accidentes ha paralizado la industria nuclear estadounidense desde el accidente de Three Mile.

    Y hasta la industria parece consciente de que no ha conseguido nunca una comunicación de riesgo efectiva con la sociedad.

    2017-02-26 23:28 | Nuclear, Energia, Sociedad | 7 Comentarios


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